LA POLITICA EXTERIOR DE MEXICO
(Segunda Parte)
Por: Lic. Anderson Zenteno Avila
Tal y como se mencionó en el artículo anterior (La Política Exterior de México-Primera Parte) la facultad de suscribir tratados internacionales corresponde al Ejecutivo y su ratificación al Senado de la República, por lo que considero necesario iniciar un debate nacional sobre la inclusión de la Cámara de Diputados en la ratificación, abrogación y denuncia, además del Senado, de los tratados internacionales.
El fenómeno de la globalización así como la creciente interdependencia que caracteriza las relaciones entre las naciones, obliga a que las resoluciones de carácter económico, político y social se sustenten cada vez más en los acuerdos internacionales por lo que, bajo el interés permanente de construir una Política Exterior de consenso y garantizar una representación más auténtica de la sociedad, debe ampliarse la participación de la Cámara de Diputados en la elaboración y ejecución de la Política Exterior Mexicana.
Acuerdos de gran envergadura como fue el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, obligaba a la votación de un resolutivo de carácter jurídico por parte, no sólo de los senadores del país, sino también de los 500 diputados que integran nuestra cámara federal.
Bajo esta perspectiva, sin lugar a dudas garantizaríamos el fortalecimiento de los acuerdos relacionados con la política internacional de México, pero sobre todo lograríamos una mayor y eficaz corresponsabilidad bicameral.
Por otro lado, es de suma importancia reconocer la capacidad que pueden ejercer los congresos locales de las entidades federativas en beneficio del fortalecimiento de las relaciones interparlamentarias y de la integración de nuevos marcos de entendimiento con sus similares, allende de nuestras fronteras.
El logro de dicha estrategia permitiría fortalecer el federalismo de nuestro país además de propiciar mayor responsabilidad en las decisiones correspondientes a nuestras Relaciones Internacionales.
En el deplorable contexto actual del desarrollo nacional, de nuestro crecimiento económico, así como la permanente involución política y social de la cual somos testigos día con día, dependerá de la identificación de las ventajas comparativas que cada estado de la federación guarda en su interior, incluyendo por supuesto su organización y funcionamiento municipal, para la elaboración y aplicación de nuevas políticas públicas que se vinculen al fortalecimiento de nuestra política exterior consecuentes de la identificación de las necesidades fundamentales de los mexicanos allende de nuestras fronteras y de los que permanecemos dentro del territorio nacional.
Cada uno de los congresos estatales, bajo una estricta coordinación con la Federación representa una fuente abundante de propuestas que fortalecerían a la Diplomacia Parlamentaria Mexicana.
Con base en lo anterior y a manera de conclusión es necesario señalar que bajo las exigencias del régimen internacional producto del fenómeno de la globalización y regionalización de los mercados, es imperativo asimilar el surgimiento de nuevos actores nacionales e internacionales en la elaboración de los marcos normativos mundiales en materia de Política Exterior y Diplomacia Parlamentaria.
En el caso particular de nuestro país, debemos abrir a debate nacional la discusión con respecto a la participación de los congresos locales en la toma de decisiones en materia de Política Exterior y otorgarle mayores atribuciones en la materia al Poder Legislativo, en especial a la Cámara de Diputados.
El buen desempeño de la Política Exterior mexicana en el nuevo concierto de naciones dependerá de la elaboración
de innovadores marcos jurídicos que permitan la colaboración de nuevos actores de la sociedad mexicana, tal es le caso de otorgarle la facultad a los diputados para aprobar, abrogar o denunciar tratados y acuerdos internacionales que celebre nuestro país con el exterior.
La Política Exterior así como la Diplomacia mexicana se han caracterizado más por reaccionar ante hechos consumados que por prevenirlos o evitarlos, dicha actitud denota una pasividad de los encargados de nuestra Política Internacional.
Es necesario el fortalecimiento de marcos jurídicos nacionales que nos permitan distinguir a la Diplomacia y Protocolo Parlamentarios aplicados en los organismos internacionales de los procedimientos aplicables en los Poderes Legislativos nacionales de los Estados.
No podemos esperar más para la elaboración de un proyecto nacional en materia de Política Exterior, resultado de una amplia consulta nacional, que permita a través de la participación de nuevos sectores de la sociedad mexicana, lograr una política exterior de consenso.
Cada una de las tareas que se realicen en la materia encuentra justificación y sustento en el interés de jóvenes políticos que buscamos ser ejecutantes de renovadas políticas, que no sólo fortalezcan a nuestra Política Exterior, sino también a todo nuestro país.
Fin Segunda Parte



